Los enterramientos germanos

Una de las partes más importantes e interesantes dentro de la historia sobre lo germanos, son sus costumbres a la hora de enterrar a los muertos, los rituales que realizaban y demás.

Los germanos despedían a los muertos de dos maneras, por inhumación, es decir, el enterramiento que todos prácticamente conocemos o por incineración. Gracias a la arqueología, poco a poco se ha ido y va descubriendo en qué momento decidían ellos hacer cada enterramiento y medianamente, los rituales que llevaban a cabo. Quizás lo más curioso sea el paso que hicieron las tribus paganas desde la inhumación hasta la incineración o al revés. Ya sabemos que, aunque todas ellas partieran de la misma base, entre unas y otras, podía haber diferencias culturales muy grandes. Con esto, no quiero decir que, al pasar de una a otra, desapareciera completamente la otra práctica. Simplemente, por el momento en el que estaban o por cualquier otra causa externa, se hacía una práctica más que la otra.

Quizás la imagen más importante que conocemos sobre los escandinavos de la época vikinga sean los enterramientos en el suelo, representando cascos de barcos con piedras y demás.

El enfrenamiento entre la inhumación y la incineración es posible que se tratara de preferencias familiares y de clases o de clanes, pudiéndose así extender a otros clanes con el paso del tiempo. También podía deberse a si en ese momento disponían de materiales como la madera, puesto que la incineración suponía un gasto de leña muy grande y los túmulos suponían un gasto de muchas personas, por lo tanto, solo se solían hacer cuando el difunto o los familiares disponían de trabajadores a su cargo. Estos casos eran muy excepcionales, puesto que la mayor parte de los muertos, descansaban en una sencilla tumba en el suelo e incluso, en pequeñas casetas de madera o muros bajos de piedra que simularían el aspecto de una casa.

Es muy complicado saber a ciencia cierta, el tipo de enterramiento que más se utilizaba, puesto que como sabemos, muchas familias o clanes, solían unirse para defenderse de otros clanes, aumentar su número de miembros, saquear lugares, entre otras cosas y cada familia podía tener su propia manera de enterrar a sus caídos.

Las tumbas de barco.

Hoy en día tenemos testimonio de alrededor 1.500 enterramientos de este tipo, organizados entre los siglos VI y X, sobre todo en Suecia, Dinamarca y Noruega. El concepto de << tumbas de barco>> es muy amplio y recoge distintas variantes, pero en general todas consisten en un enterramiento, ya sea por inhumación, incineración e incluso sin el cadáver presente, en el que hay un barco real o figurado.

Aunque contamos con varios testimonios literarios sobre esta peculiar forma de dar sepultura, quizás el más importante sea el del árabe Ibn Fadlan, en el año 921 o 922.

Podemos decir que el barco simboliza o representa un viaje al otro mundo, puesto que el fallecido pasa del mundo terrenal al mundo espiritual digamos. Según los testimonios de los vikingos, recogidos por Ibd Fadlan, estos decían que al quemar al difunto en su barco, este iría más rápido a lo que Ibd Fadlan describió como el paraíso.

Ya en los grabados rupestres escandinavos de la Edad del Bronce, el barco estaba asociado a la fertilidad y a la muerte al mismo tiempo. Según cuentan las leyendas, la llegada del Ragnarök traerá consigo un enorme navío construido con las uñas de los muertos y, en él, vendrán los enemigos de los dioses.

¿Cómo se viajaba al otro mundo?

Las sagas y los poemas antiguos relatan cómo el héroe llega cabalgando al Valhalla y que a los mundos funerarios se llegaba a pie, caballo o en carro. Para comprender esto, tenemos que tener en cuenta que los germanos y otras culturas paganas, representaban sus mundos místicos a imagen y semejanza de lo que conocían en la vida diaria. Por ejemplo, los noruegos lo veían todo como si fuera la Noruega misma, con montañas, fiordos y granjas separadas unas de otras.

El barco de Oseberg.

Quizás uno de los enterramientos más importantes descubiertos sea el Barco de Oseberg. En este lugar del sur de Noruega, se enterró a la que seguramente sea la reina y al mismo tiempo gran sacerdotisa de la diosa Freya. Alrededor del año 825, los habitantes de Vestfold, enterraron a su reina en el interior de una cámara mortuoria de madera sobre la cubierta de un barco con remos y vela. En otras partes del barco, se enterraron animales sacrificados para acompañar a la reina: doce caballos, todos decapitados, dos bueyes y cuatro perros. Lo curioso es que había dos cadáveres, no uno. Los arqueólogos encontraron una mujer anciana y una joven y por desgracia, desconocemos qué cuerpo pertenece a la gran sacerdotisa.

Además, el barco contenía una enorme cantidad de objetos de importancia ritual como un carro, cabezas de animales seguramente utilizadas en procesiones, objetos ceremoniales, entre otras cosas.

Cuando el barco estuvo lleno, se cubrió con una enorme cantidad de piedras que lo aplastaron todo, seguramente por la misma razón que llevaba a destruir objetos preciosos y armas antes de ofrecerlos en sacrificio, pero también, según la arqueóloga noruega Anne Stine Ingstad, para que la gran reina, no abandonara nunca a su pueblo ni siquiera después de muerta, garantizando su reinado de buenos tiempos. Como el enterramiento de Oseberg, existen algunos más ricos y otros más pobres. Por desgracia, algunos hasta fueron descubiertos sin la persona que debía de ir enterrada, como uno de los enterramientos descubiertos en Sutton Hoo, en Reino Unido.

 Los acompañantes de los muertos.

En los textos sagrados, la esposa de Balder, Nanna, acompañaba a este en su enterramiento. Otra mujer acompañó a la reina enterrada en Oseberg. El rey sepultado en el barco de Sutton Hoo iba acompañado de varios hombres, muertos de forma violenta y enterrados en pequeñas tumbas alrededor del gran túmulo… y así con muchos enterramientos más.

Hoy en día, tenemos suficientes testimonios arqueológicos para demostrar que prácticamente todos los germanos, practicaron durante siglos el sacrificio funerario, es decir, cuando moría una persona de especial rango, normalmente un hombre, aunque también podía ser una mujer, se ejecutaba un esclavo o esclava, a un compañero o a la esposa y se sepultaban juntos. Como vimos antes, gracias al Barco de Oseberg, los seres humanos no eran los únicos acompañantes. Según su categoría social, el difunto iba a la tumba con un ajuar que incluía animales. Los más codiciados eran los caballos. En función del número de caballos o de animales, se veía si el difunto era una persona de importancia y riqueza. El sacrificio de estos animales, probablemente se trataba también de un sacrificio a los dioses, uniendo así el poder terrenal del muerto y su familia con sus divinidades protectoras.

Cómo era un funeral.

De nuevo, vamos a echar mano de Ibn Fadlan para reconstruir un funeral.

La película “El guerrero número 13“, dirigida por John McTiernan, relata muy bien cómo era el funeral de un gran jefe vikingo, por si os interesa verla.

Según Ibn Fadlan, el muerto no era enterrado inmediatamente, sino que se esperaba unos días, concretamente diez, según él, durante los cuales el cadáver se conservaba en una caseta de madera. El motivo por el que se esperaba para enterrar o incinerar al difunto, seguramente fuera para celebrar las distintas ceremonias y, a su vez, dar tiempo a la llegada de los parientes del difunto.

Además de lavar y peinar el cadáver, cerrarle los ojos y taparle los agujeros de la nariz, se le cortaban las uñas. Según Snorri, esto se debe a que el barco de Loki, llamado Naglfar, acudirá en el Ragnarök con un ejército para acabar con los dioses. Este barco es el que anteriormente dijimos, que estaba construido con las uñas no cortadas de los muertos.

En el intervalo de esos diez días, se reunían las posesiones del difunto, las cuales iriían enterradas con él en el barco y se hacían los rituales sociales y religiosos necesarios. Por desgracia, de estos rituales, disponemos de poca información debido al esfuerzo del cristianismo por eliminar todas las costumbres paganas.

Entierro familiar.

En el caso de que el muerto no fuera una persona de gran importancia, el funeral era parecido, aunque más simple. Se esperaría también unos días, durante los cuales se realizaban las distintas ceremonias y ritos necesarios y se elegirían los ropajes con los que vestir el cadáver  los objetos que le acompañarían durante su viaje. Si pertenecía a la clase de los guerreros, se le enterraba con armas y en el caso de ser niños o mujeres, eran simples miniaturas.

Finalmente, se celebraba un festín funerario en el que los familiares compartían los alimentos que su riqueza pudiera permitir y se purificaba la tumba. A los pies, en torno a su cabeza y sobre el cuerpo, se situaban los objetos y quizá animales, que compartirían la tumba con él. Se colocaban también restos del festín como alguna vasija y un trozo de carne y se cerraba la tumba, marcándola de alguna forma. Durante un tiempo, los familiares seguían acudiendo a la fosa para realizar nuevas ceremonias que seguramente incluirían algún alimento y derramar la bebida sobre la tumba.

Bibliografía

  • COHAT, Yves. Los vikingos, reyes de los mares.
  • BERNÁRDEZ, Enrique. Los mitos germánicos.
  • STURLUSON, Snorri. Textos mitológicos de las Eddas.
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