¿Quiénes fueron los celtas?

Guerreros.

Orígenes del pueblo celta.

Las primeras referencias sobre el pueblo celta aparecen, generalmente, en las fuentes griegas desde los siglos V y VI a.C.

Los celtas constituían un grupo lingüístico, pues eran hablantes de una lengua procedente del hipotético tronco común indoeuropeo, del que se dice que proceden todas las lenguas de Europa, con la excepción del finés, el estonio, el húngaro (magiar) y el euskera. Los numerales proporcionan la manera más sencilla de mostrar la relación entre estas lenguas. El inglés one, two, three, encuentra su paralelo en irlandés aon, dó, tri, el galés un, dau, tri, el griego énas, duo, treis, el latín unus, duo, tres o el ruso odin, dva, tri. No hay relación entre este grupo de numerales y el euskera bat, bi, hirur o el finés yksi, kaksi, kolme. Estas comparaciones de numerales se mencionan para demostrar que en algún momento histórico, con la excepción de los ya mencionados, todos los pueblos de Europa, más Mesopotamia y el norte de la India, descendieron de un grupo lingüístico común. En cierto momento, en la remota antigüedad, se dice que existió una lengua originaria indoeuropea, pero esta lengua no puede ser descrita satisfactoriamente ni ser adscrita a un período específico, aunque la mayoría de estudiosos han propuesto el tercer milenio a.C. para situar sus orígenes en las estepas del sur de Rusia. Ciertamente, a mediados del primer milenio a.C. no había memoria o conciencia de un ancestro común entre los griegos y los hindúes, pero existen una cantidad de paralelos y similitudes entre las culturas celta e hindú, que tienen lugar en las áreas del lenguaje, derecho, costumbres religiosas y mitología, música y castas.

Debe tenerse muy presente que los pueblos celtas se identifican, exclusivamente por sus lenguas y culturas, de las cuales, por supuesto, la lengua es la forma más elevada de expresión cultural. Igual que ocurre con su ancestro indoeuropeo, se considera hipotéticamente que en cierto momento, quizás antes del comienzo del primer milenio a.C., existió un celta común que se dividió en dos dialectos diferentes. Henri Hubert ha afirmado que la forma más antigua del celta es el goidélico, o gaélico, que se extendió por España y Portugal, y también por las Islas Británicas. Estudiosos tales como Sir John Ryhs y Heinrich Wagner, han sugerido que estos <<primeros celtas>> eran una sociedad militar minoritariamente aria (aryas, noble) que llegaron a Europa desde las estepas rusas y se impusieron, ellos mismos y su lengua, a las poblaciones agrícolas que no eran indoeuropeas. Ésta no es, de ningún modo, una teoría generalmente aceptada, y estudiosos como Myles Dillon proponen unos puntos de vista alternativos. Sí está aceptado, sin embargo, que el gaélico fue la forma más temprana de celta hablado, pero que los celtas continentales comenzaron entonces a desarrollar la gorma conocida como britónico a partir de éste, simplificando sus terminaciones de caso, perdiendo el género neutro y el número dual, creado diferenciaciones en cuestiones de mutación inicial y aspiración. Esta forma britónica se extendió más tarde a Britania, donde desplazó a la forma gaélica primitiva. Se conservó también en el continente y es conocido por nosotros como galo, del cual se han encontrado numerosos textos e inscripciones. La principal diferencia reconocible entre las dos formas es la sustitución de P por Q en el grupo britónico, lo que ha llevado a los estudiosos a etiquetar los grupos como celta-P y celta-Q.

La evidencia textual más antigua del celta continental data de los siglos tercero y segundo a.C., de inscripciones funerarias, un par de textos más grandes descubiertos recientemente en el sur de Francia y norte de España, y el famoso calendario de Coligny. Junto a esta evidencia textual están los nombres de lugar asociados, y el registro de nombres personales y palabras aisladas por autoridades griegas y latinas. Entre los celtas insulares, se creó en Irlanda un alfabeto denominado Ogham, que sobrevive principalmente en forma de inscripciones, de las cuales, la parte principal, unas 369 inscripciones conocidas, datan de los siglos V y VI d.C., cuando el irlandés, con la llegada del Cristianismo y la supresión final de las prohibiciones religiosas acerca de poner sus conocimientos por escrito, adoptó el alfabeto latino y se convirtió, entonces, en vehículo de la tercera literatura más antigua de Europa. Como ha señalado el profesor Máirtin Ó Murchú: <<en Irlanda sobrevivieron más registros extensos antiguos que en ninguna otra parte del mundo celta>>. Por eso nos referimos continuamente a Irlanda.

Hecateo de Mileto (c 500-476 a.C.) y Heródoto de Halicarnaso (c 490-425 a.C.) fueron los primeros en registrar la existencia de <<keltoi>>. Su <<lugar de origen>> se identificó con el nacimiento del Danubio, el Rin y el Ródano, y la arqueología apoyaría esta afirmación. Se puede presumir con un cierto grado de certeza que los griegos, a través de sus comerciantes y colonos, trabaron contacto primeramente con los celtas durante sus viajes hasta el Mediterráneo occidental. La edad de oro de la colonización griega transcurrió desde mediados del siglo octavo hasta mediados del sexto a.C. Alrededor del 600 a.C., los colonos de Focea, una ciudad griega de Jonia, fundaron una colonia llamada Massilia (Marsella) dentro del territorio de la Galia meridonial, al este del río Ródano. La tradición sostiene que los fenicios habían establecido colonias en la Península Ibérica más o menos al mismo tiempo que los celtas fueron entrando en esa península desde el norte, esto es, alrededor del inicio del primer milenio a.C. Pero son los griegos, de nuevo, los que dejaron los primeros testimonios de encuentros con asentamientos celtibéricos, tras haber colonizado las áreas costeras de Iberia durante los siglos VII y VI a.C., y fueron los griegos de Focea quienes establecieron sus colonias en la costa de lo que hoy es España.

Por entonces, los celtas habían ido evolucionando desde el inicio del primer milencio a.C. Habían progresado notablemente en cuestiones armamentísticas, habían aprendido el arte de fundir el hierro. Hachas formidables, machetes y otras herramientas permitieron a los celtas abrir caminos a través de los hasta entonces impenetrables bosques del norte de Europa. El nuevo trabajo del metal permitió a los celtas no sólo tener mayor movilidad y destacar en técnicas agrícolas, sino que les proporcionó nuevas armas, espadas y lanzas que les otorgaron, durante un tiempo, una superioridad militar sobre la mayoría de sus vecinos.

Con esta <<nueva tecnología>>, alrededor del siglo VI a.C., se fueron extendiendo en todas direcciones y, durante el siglo V a.C, se encontraban en el norte de Italia y comenzaban a tropezarse con etruscos y romanos. Poblaron el valle del Po y se asentaron tomando a los Apeninos como su frontera sur, pero estableciéndose en lugares más meridionales, como Ancona. Alrededor del 474 a.C., los celtas derrotaron a los etruscos cerca del río Ticino y se hicieron con el control total de las llanuras del norte de Italia.

Expansión celta.

Expansión celta

Liderados por Brennos, (el nombre podría significar un título, pues brenin es aún la palabra galesa para rey), los celtas derrotaron de nuevo a los etruscos y, cuando los romanos acudieron en ayuda de estos, también ellos fueron derrotados. Esto ocurrió alrededor de 390/387 a.C., cuando, tras su victoria en Allia, el ejército celta se abalanzó sobre la propia Roma, y los romanos se vieron forzados a pagar un gran rescate para persuadir a los celtas de que se retiraran.

Los celtas también se extendieron hacia el este. En 366 a.C., mercenarios celtas estaban siendo contratados por Esparta, y desempeñaban un papel determinante en su guerra contra Tebas. Grandes grupos de celtas fueron siguiendo el valle del Danubio y alcanzaron los Cárpatos, estableciendo asentamientos mientras marchaban. Pronto se encontraron en la frontera norte de Macedonia, y Alejandro Magno se dirigió hacia el norte para encontrarse con los jefes celtas a orillas del Danubio en 335/334 a.C. con la intención de alcanzar un tratado de paz entre iguales. Con la muerte de Alejandro, los líderes celtas consideraron nulo e inválido el tratado de paz. En 298 a.C., bajo Cambaules, conquistaron Tracia y se establecieron allí. En 280 a.C., tres ejércitos celtas se instalaron en la frontera norte de Macedonia. Al año siguiente, uno de esos ejércitos, comandado por Bolgios, derrotó a los macedonios en batalla y dio muerte a Ptolomeo Cerauno, el heredero de Alejandro. Otro ejército celta, dirigido por Brennos y Acichorios, penetró en la península griega y derrotó en las Termópilas a un ejército aliado de estados griegos comandado por Calipo de Atenas, saquearon el templo de Delfos, sede de la Pitia (Sacerdotisa de Apolo y del oráculo de los griegos).

Por alguna inexplicable razón, los celtas se detuvieron en su conquista. Su líder, Brennos, se suicidó, y los ejércitos aliados celtas se dividieron. Una sección de estos se retiró de nuevo a territorio celta, llevándose muchos de los tesoros de Delfos, encontrados más tarde por los romanos cerca de Tolouse, mientras otra sección fue derrotada por Antígono Gonatas, el nuevo rey macedonio.

Alianzas y expansión de guerreros y familias celtas.

Unos 20.000 guerreros celtas y sus familias fueron persuadidos para que cruzasen a Asia Menor (moderna Turquía) y ayudasen a Nicomedes de Bitinia contra Antíoco de Siria. Finalmente, les fueron concedidas tierras en  Asia Menor y formaron el estado celta de Galacia, siendo el primer pueblo celta que más tarde se convertiría al Cristianismo por obra de Pablo de Tarso, que les dirigió su famosa epístola. Su asentamiento fue reforzado posteriormente por la marcha de otras tribus celtas hacia esta área.

De nuevo en Grecia, más de 4.000 guerreros y sus familias fueron reclutados por Ptolomeo II, el faraón de Egipto, y fueron a servirle allí. Otras bandas de celtas decidieron prestar sus servicios como mercenarios en los ejércitos de varios reyes, tales como el de Cartago, el de Siracusa e, incluso, Siria.

La bravura de los celtas en la batalla era proverbial en el mundo antiguo, y Aristóteles proclamaba que no temían a nada, <<excepto un terremoto de olas>>. Los celtas destacaban en la caballería, lo que, con sus superiores armas de hierro, parece haberles concedido una preponderancia inicial sobre el mundo mediterráneo. Los griegos recogen muchas palabras celtas para designar a sus armas y caballos e incluso, los romanos, hicieron lo mismo. La popular espada corta romana, el gladius, procedía de la celta clad, que podemos reconocer más popularmente en la palabra escocesa claymore, claidheamh mór o <<gran espada>>.

En la mitología irlandesa, y en lo que se puede considerar <<pseudohistoria>>, encontramos que la casta militar con sus bandas de guerreros profesionales aún existe. Uno de los mejor conocidos es el Craobh Ruadh, los guerreros de la Rama Roja de Ulster. Los Fianna, guerreros que guardaban a los Reyes Supremos y que eran reclutados en el Clan Bascna y el Clan Morna, aparecen como otra casta militar. Connacht tenía a los Gamhanrhide como su élite militar, mientras Munster tenía tanto a los Degad como a los Cú Roi y a los Naisc Niadh de los reyes Eoghanacht de Cashel, estos últimos caballeros del collar dorado o gargantilla, que finalmente se convirtió en un honor concedido por los reyes de Cashel y sus descendientes, los MacCarthy Mór.

Breve introducción a la sociedad celta.

Cuando los antiguos celtas aparecieron en la historia y se dieron a conocer a los autores clásicos, está claro que en su sociedad se habían desarrollado cuatro clases principales, como había ocurrido, en un principio, en otras sociedades indoeuropeas: la intelectualidad, los guerreros, los productores de bienes y la ínfima de los trabajadores manuales. En la época en que la ley irlandesa fue puesta por escrito, habían aparecido cinco clases principales, que consistían en: formas variadas de reyes y jefes, la intelectualidad o profesionales, las oficiales y magistrados, los hombres de clan que trabajaban la tierra y formaban el ejército en tiempos de guerra, y aquellos que habían perdido sus derechos civiles, llamados, en ocasiones, erróneamente, esclavos. Este último grupo estaba formado por criminales que cumplían condena, prisioneros de guerra y rehenes.

Enfrentamientos de pueblos celtas.

En la Península Italiana, los romanos y los celtas siguieron chocando con regularidad, y Roma se vio amenaza una vez más después de que los celtas derrotasen a los ejércitos romanos. Cuando Roma comenzó a expandirse en un imperio que, inicialmente, pretendía incorporar a todos los pueblos de la Península Italiana, los celtas fueron buscados como aliados de los enemigos de Roma, formando una alianza en 300 a.C. con sus antiguos adversarios, los etruscos, y luego con los samnitas, alcanzando todavía otra victoria sobre Roma en 298 a.C. y otra más en 294 a.C.

Cuando Pirro de Épiro desembarcó en el sur de Italia para impedir que las colonias griegas cayesen bajo la dominación romana, los celtas se le unieron con sus fuerzas y fueron decisivos en la famosa victoria <<pírrica>> sobre Roma en Ausculum, en 279 a.C. Pero Pirro fue finalmente derrotado. Inmediatamente, Roma comenzó una ofensiva contra los celtas en el norte de Italia, y en 237 a.C. se apoderaron del territorio de los celtas senones de Piceno, cuya capital era Senigallia, y comenzaron a colonizarla. Los celtas se vieron duramente presionados por todas partes. Atalo I de Pérgamo se había librado del dominio celta gálata y los había derrotado. En Iberia, Cartago estaba conquistando los territorios celtibéricos para formar un nuevo imperio, y los celtas del norte de Italia fueron forzados a buscar nuevos aliados en los celtas de la Galia Transalpina. En 225 a.C., un ejército celta derrotó otra vez a los romanos, pero poco tiempo después, en Telamón, los romanos infligieron una derrota mayor a los celtas del norte de Italia. Roma era ahora suficientemente fuerte para invadir y devastar la Galia Cisalpina. Allí, a lo largo de tres campañas, los romanos, rechazando los ofrecimientos celtas para negociar, invadieron y destruyeron sistemáticamente los asentamientos celtas.

Decadencia celta.

En 221/218  a.C., cuando Aníbal de Cartago comenzó a hacer sus planes para ir a la guerra contra Roma, los celtas de Iberia, Galia Transalpina y Galia Cisalpina hicieron alianzas con él y se unieron a su ejército. Sin la colaboración celta, Aníbal no hubiese podido mover su ejército, predominantemente celta, desde Iberia, a través del sur de Galia y atravesar los Alpes para llegar al territorio celta cisalpino. Cuando alcanzó el norte de Italia, 10.000 celtas cisalpinos se unieron a su ejército y desempeñaron un papel importante en su campaña contra Roma desde 218 a 207 a.C.

Tras derrotar a Aníbal, Roma volvió a su conquista sistemática de la Galia Cisalpina y la colonización del territorio conquistado. Muchos escritores reconocidos ahora como literatos latinos fueron en realidad celtas romanizados de aquel territorio. La campaña de la Galia Cisalpina se prolongó durante veinte años. Cuando el jefe de los boios de la Galia Cisalpina se rindió a Roma con su familia, fueron salvajemente asesinados por el cónsul romano para su entretenimiento personal. Por los años 178/173 a.C. la política romana de colonización había comenzado, pero en la zona pervivieron una lengua celta y costumbres celtas hasta bien entrados los tiempos del Imperio. En 82 a.C. la Galia Cisalpina fue declarada provincia romana.

En 197 a.C. Roma había comenzado una conquista del imperio cartaginés en Iberia y de sus aliados celtas. La guerra contra los celtas de España duró cien años, y terminó cuando estos se sometieron, finalmente, a la Pax Romana, siendo entonces rápidamente absorbidos por un espíritu cultural latino.

Continuando con sus conquistas sobre los celtas del norte de Italia y de Iberia, los romanos utilizaron el pretexto de proteger la colonia griega de Massilia (Marsella) para enviar ejércitos al sur de la Galia y tomar el control de un área conocida como Galia Narbonense, o simplemente, <<la provincia>>, cuyo nombre se ha conservado en el actual de Provenza.

La última noticia de los celtas en Egipto tiene lugar en 186/185 a.C. Galacia se había convertido en un estado poderoso por esta época, peor en 74 a.C. Deiotaros, gobernador de Galacia, hizo una alianza con Roma contra algunos de los estados griegos de los alrededores. La amistad de Deiotaros y la alianza con Pompeyo, y más tarde con Marco Antonio, fue un error de cálculo político mediante el cual se encontró involucrado en el bando perdedor de la guerra civil romana. En 25 a.C., tras la muerte de Deiotaros, los ejércitos romanos marcharon contra Galacia y fue declarada una provincia oficial de Roma. En 74 d.C. se encontraba unida a Capadocia como una única provincia, pero fue separada de nuevo en 106 d.C. Continuó existiendo como provincia separada hasta una fecha tan tardía como el siglo VIII d.C. En el siglo IV d.C., San Jerónimo informa que el celta todavía se hablaba en aquel lugar, aunque la mayoría de la clase intelectual hablaba también griego.

Durante el siglo primero a.C., los asentamientos celtas y su influencia fueron retrocediendo desde Tracia, a lo largo del Danubio, quedando fuera de áreas como Panonia, Noricum y, con la presión de las tribus germánicas desde el noreste, los celtas fueron empujados hacia el oeste, sobre el Rin, el gran río cuyo nombre celta significa <<el mar>>.

Solo la Galia permaneció como territorio independiente propiamente celta, junto a las islas de Britania e Irlanda. En todos los demás lugares, los celtas habían caído, bien ante la implacable máquina militar de Roma, o bien ante las tribus germánicas.

Era inevitable que los romanos, pusieran su atención sobre el último territorio celta independiente. La excusa llegó en 58 a.C. Unos años antes, Burebista de Dacia había emprendido una guerra de anexión contra los celtas en el este, derrotando a los boios de Bohemia, y obligando a unos 32.000 de ellos a exiliarse para unirse a los celtas helvecios en Austra y Suiza. Los helvecios, liderados por Orgetorix y su yerno Dumnorix, hermano del jefe y druida Divitiaco de los aeduos, formaron una alianza celta y comenzaron a planificar una migración al oeste para escapar de las incursiones de las tribus germánicas y, en los últimos tiempos, también de las eslavas.

Julio César, habiendo recibido el mando de la Galia Cisalpina y la Galia Narbonense, aprovechó la oportunidad de intervenir en los asuntos de la Galia propiamente dicha utilizando el movimiento de los helvecios para protestar por la alteración de la paz de la Galia. Los políticos romanos sencillamente utilizaron esto como excusa para conquistar todo el territorio galo. Entre 58 a.C. y 55 a.C. César y los ejércitos romanos derrotaron a la mayoría de los líderes galos. Tan exitosa resultó la invasión para los romanos que, en 55 a.C., César fue capaz de organizar una fuerza de invasión, desembarcar en la costa sur de Britania y derrotar a los celtas cantios. Al año siguiente, tras sofocar un levantamiento de los tréveros en Galia y matar a Dumnorix, el líder de la resistencia gala, César emprendió otra expedición a Britania, y tras una feroz campaña, consiguió obtener la sumisión formal de varios jefes importantes del sur de Britania.

Sin embargo, en la Galia, Ambiorix lideró un nuevo levantamiento galo, cuya dirección fue asumida por Vercingetorix. Algunos celtas britanos fueron a la Galia para ayudar en aquella <<guerra de independencia>>. En 51 a.C., tras una de las más sangrientas campañas emprendidas por los romanos, fue conquistando el último territorio celta independiente, concentrado alrededor del fuerte de la colina de los aquitanos de Uxellodunum. La Galia no fue completamente <<pacificada>> y cada pocos años los galos se rebelaban en infructuosos intentos de recuperar en la Galia, del que Tácito dice que los druidas desempeñaron un papel dirigente y profetizaron la caída de Roma.

Sin embargo, Roma era lo suficientemente fuerte como para intentar una nueva invasión más completa en Britania, uno de los dos últimos territorios celtas completamente independientes. Un país rico en comercio, Britania, o su parte sur, había estado bajo el gobierno del rey Cunobelino, que murió alrededor del 40-43 d.C. y fue sucedido por su hijo Caractaco (Caradoc). Los romanos aprovecharon la oportunidad de la muerte de Cunobelino para la invasión, pero llevó nueve años de campaña someter a Caractaco. Así y todo, Roma nunca conquistó Britania por completo. Finalmente, abandonaron la idea de dominar la parte norte de la isla, construyendo la famosa Muralla de Adriano de costa a costa para marcar su frontera norte. Durante los 360 años aproximados que la Britania meridional fue parte del Imperio Romano, las insurrecciones contra el poder romano tuvieron lugar, en especial, entre los brigantes, que ocupaban el territorio justo al sur de la muralla y que estaban, a menudo, en rebelión.

Había en aquel entonces otro gran territorio celta que no había caído bajo ocupación romana, la isla de Irlanda. En 82 d.C. Agrícola, gobernador romano de Britania, recibió a algunos distinguidos jefes irlandeses en sus cuarteles de Britania. Estos buscaban ayuda militar para resolver sus conflictos en Irlanda, y Agrícola preparó planes para invadir la isla, pero se vieron pospuestos, ya que Agrícola se mostró incapaz de pacificar el norte de Britania.

En los últimos días del Imperio Romano, cuando el Cristianismo se convirtió en religión oficial, el pensamiento cristiano había reemplazado en gran medida a la religión pagana celta. Sólo Irlanda y el norte de Britania continuaron siendo, en su mayoría, paganas, hasta comienzos del siglo V d.C. Galia y el sur de Britania se habían convertido al Cristianismo en un momento anterior.

Cuando los romanos abandonaron Britania y esta renació de nuevo como un país celta, el mundo celta se había reducido considerablemente. Casi se había evaporado en la Galia Cisalpina e Iberia y, con seguridad, ya no existía a lo largo del valle del Danubio. Incluso los gálatas, que aún hablaban celta en el siglo cuarto de nuestra era, fueron desplazados lentamente, y en el siglo noveno habían desaparecido por completo. La propia Galia era bilingüe, y sabemos por Sidonio Apolinario que, sólo en el siglo quinto, las familias dirigentes de la Galia intentaron librarse de <<los restos del habla celta>>.

Nuevos conquistadores amenazaron entonces lo que quedaba del mundo celta. Jutos, anglos y sajones comenzaron a hacer incursiones y establecerse en Britania, y finalmente aniquilaron a una gran parte de la población celta en el área que más tarde sería Inglaterra, provocando que aquellos que sobrevivieron emigrasen en gran número, tanto a territorios al oeste como al este, a Irlanda o al continente europeo. Sólo en Gales, Escocia y Cornualles sobrevivieron los celtas en Britania hasta le época actual. Un gran número de refugiados celtas huyeron al norte de España, otros a Armorica (que pasó a ser conocida como <<la pequeña Britania>>, y donde sus descendientes de habla celta han permanecido hasta hoy en día). Los francos, parientes germánicos de los anglos y sajones, se extendieron a través de la Galia al mismo tiempo, y se fusionaron finalmente con los galos celtas. Un gran vocabulario celta sobrevive en el francés moderno.

Los pueblos celtas sufrieron aún más conquistas e intentos de asimilación por parte de los ingleses y franceses hasta el día de hoy, siendo empujados hacia las islas y penínsulas de Europa noroccidental, donde constituyen una población de dieciséis millones, de los cuales únicamente dos millones y medio continúan hablando una lengua celta. Son los duros supervivientes de la antigua civilización del norte de Europa, que una vez se extendió de una parte del continente a la otra, y de norte a sur.

Bibliografía

  • SAN JOSÉ BELTRÁN, Laia. Blog The Valkyrie’s Vigil.
  • BERRESFORD ELLIS, Peter. Druidas. El espíritu del mundo celta.
  • POWELL, T.G.E. Los celtas.
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