El pueblo indomable, concurso de octubre Historia 2.0

Os presento un relato que presenté al concurso de octubre de la Asociación Historia 2.0. Me gustaría que me dijerais si os gusta y si es así, poder votarlo para el concurso.

Quisiera dar las gracias a Historia 2.0 y a The Valkyrie’s Vigil, por darme esta oportunidad. Si os gusta el relato, más adelante escribiré otros del mismo estilo o incluso, podría continuar esta historia.

Muchas gracias a todos.

irlandesescontravikingo

“El pueblo indomable”.

Algo se me estremeció en el estómago cuando vi, desde el bote, humo en la aldea… me temía lo peor. Desembarqué lo más rápido posible, hacha en mano corrí como si Hati y Sköll me estuvieran persiguiendo. Mis temores se habían hecho realidad… cuando llegué a mi casa me encontré lo que jamás hubiera imaginado. Mi familia asesinada, mis dos hijos y mi mujer colgados como mísero ganado de un árbol y todo por lo que había trabajado durante años, se estaba desvaneciendo.

Tardé un segundo en percatarme de la presencia de alguien detrás de mí. Era mi fiel amigo Olaf, armado como si fuese a empezar el maldito Ragnarök.

– Por los dioses, ¿qué ha pasado? – Dijo Olaf sin poder creer lo que veía.

– Han asesinado a mi familia. – Le contesté.

– ¿Pero quiénes? También han atacado la aldea. ¡Debemos ir en su ayuda!

Como de costumbre, a Olaf no le faltaba razón, pero en ese momento no tenía ganas de ayudar a nadie, solo quería gritar una palabra: Venganza. Deseaba con todas mis fuerzas acabar con los que habían hecho esto. Quería ver mi hacha bañada con su sangre.

La mitad del pueblo estaba en llamas y a causa del humo no podíamos ver nada. Cuando llegamos a la plaza, nos encontramos muchos prisioneros, entre ellos la esposa de Olaf, rodeados de una treintena de enemigos del clan Malkavian.

Rápidamente Olaf pensó un plan para acabar con ellos, pero yo no podía esperar. Salí de nuestro escondrijo, y un grito de batalla resonó por mi boca e hizo retumbar hasta a las valquirias que transportaban las almas de los caídos en batalla… “¡AL VALHALLA!”.

Tiré mi escudo, no lo necesitaba. Desenvainé la espada que me regaló mi padre antes de su muerte, en la mano derecha y saqué el hacha para mi mano izquierda. En menos de dos segundos salí corriendo hacia el enemigo, sin temor, sin compañía, sin nada. Solo estábamos mi sed de venganza y yo.

El primer enemigo fue fácil de matar, soy un gran lanzador de hacha. La agarré con todas mis fuerzas, la lancé y le asesté un golpe en la cabeza. Nada podía pararme. Continué corriendo hacia ellos tras arrancar el hacha de su cabeza, pero me pararon tres enemigos más. Con movimientos brutos, pero coordinados, logré desarmar a dos y matar al tercero… antes de  que estos volvieran a coger sus armas, se quedaron sin cuello.

Miré un momento hacia atrás, para ver si podía ver a Olaf, pero nada… hasta que por la retaguardia de los enemigos escuché gritos de batalla. Olaf traía refuerzos, mi fiel amigo no me ha abandonado. En menos de cinco minutos y con la rabia en nuestros dientes, acabamos con esa treintena de hombres y pudimos liberar los prisioneros.

– ¡Balder! ¿Dónde está el resto? – Grité.

– Han caído todos… nos cogieron por sorpresa. Esos cobardes lo tenían todo pensado. – Dijo Balder quitándose las ataduras.

– El Rey ha muerto, ha sido asesinado. – Gritaban los supervivientes. ¡Necesitamos un nuevo Rey, recomponer nuestras fuerzas y las granjas!

Olaf me miró con un brillo esperanzador… entonces gritó que yo podía ser el nuevo rey y que era el elegido para llevarles a la batalla… a la venganza.

Al pueblo le encantó la idea y todos coreaban mi nombre… soy el nuevo rey me dije.

Mi primer mandato como nuevo rey, fue el de reconstruir las cosechas… hacer que mi pueblo estuviera protegido. He de reconocer que yo no paraba de pensar en realizar mi venganza por la muerte de mi familia… pero ya no era personal. También habían atacado a mi pueblo, a mis compañeros, los que me vieron crecer y siempre me han cuidado… lo debía de hacer por ellos y por mí.

Tras asegurarme de que las cosas en el poblado andaban bien y que reconstruían cada uno sus vidas… estaba pensando en cómo iba a decirle a las madres, que sus hijos y maridos que pudiesen pelear iban a ser reclutados para poder derrotar a los Malkavian.

El día que me decidí hacerlo, llamaron a mi puerta. Acto seguido entraron todas y cada una de las familias del pueblo, las cuales tenían marido e hijos con edad para luchar, armados para la guerra. “Estamos preparados, guíanos para la batalla”, me decían…

Poco tardamos en fabricar más armas, flechas, escudos y lanzas… no se hablaba nada más en el pueblo, solo se deseaba vengar a los caídos. En ese momento recordé una de mis incursiones a Northumbria y lo que me dijo un campesino al que perdoné la vida… “Sois un pueblo dividido. El día que luches contra los de tu  sangre, te vencerán porque no sabes pelear de otra forma. Caerás como ha caído la cruz de nuestro Monasterio.” Eso me hizo pensar y no pegar ojo en la noche. ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo les derrotaré en su campo? Me pregunté una y otra vez, estaba perdido… era el momento de visitar el Templo de Upsala.

Al llegar ahí, me sentí muy cómodo… Odín estaba conmigo. En ese momento pregunté únicamente a dos dioses lo que debía hacer, Týr y Thor… ellos también estaban conmigo.

Cuando volví al pueblo, hice llamar a todos. La guerra debía comenzar.

Tardamos poco en prepararnos, ya estábamos acostumbrados debido a tantas incursiones, pero esta vez iba a ser distinto, no íbamos a tener la formación de siempre. El campesino de Northumbria, me había hecho pensar.

Tardamos un día y una noche en llegar a un prado cerca del pueblo de los Malkavian… todavía no había amanecido, pero debíamos darnos prisa para atacarles por sorpresa y esta vez, nosotros teníamos ventaja.

Comuniqué a un grupo de guerreros, que se colocaran en los alrededores del poblado, por si alguno intentaba huir, no íbamos a tener piedad contra el que se resistiera. El resto, hicieron exactamente lo que les ordené. Un grupo incendió los graneros, mientras otro gritaba “fuego”, haciéndose pasar por gente del poblado.

En ese instante, todos los soldados salieron de donde estaban reunidos, para apagar el fuego. Con sigilo y rapidez, el grupo que me acompañaba y yo, nos adentramos al lugar, haciendo prisioneros a todos los campesinos del pueblo.

Desconocía si el rey se encontraba dentro, así que le fui a buscar… se encontraba en la estancia más alejada, custodiados por dos hombres, de los que fue fácil deshacerme. Dos segundos después, Erik, rey de los Malkavian, se encontraba de rodillas y con mi hacha apuntando a su cuello.

Rápidamente me lo llevé al centro del lugar, para que todos pudiesen ver como moría el cobarde de su rey. En ese mismo instante, regresaron los soldados que se habían marchado a apagar el fuego, listos para hacernos frente, pero sabiendo que no había nadie más en el pueblo, de un silbido, avisé al grupo de hombres que había depositado a los alrededores. Ahora estaban todos rodeados y la situación bajo control.

En ese momento, todos tiraron las armas, los Malkavian estaban derrotados y mi pueblo vengado.

No voy a asesinar al rey, me dije a mi mismo… y así fue. Dejé que mis hombres le torturaran por el daño que había causado a nuestras familias. Mi venganza ha terminado.

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